jueves, 2 de julio de 2015

Avionazo en baturi


                                   

                                     Prólogo 



   En medio de un sol como de Mexicali, justo a la mitad del año, me bajé de un autobús Águila en la terminal de La Paz y vi que me esperaba mi amigo Mario Santiago y unos camaradas más.

   -- Hombre, no es para tanto -- les dije -- ¿ Porqué la recepción?

   -- Te quiero presentar aquí a unos colegas -- me dijo Mario -- Martín de la Rosa es colaborador de Compás y está escribiendo un libro. A ver que te parece.

   Pronto me vi compartiendo las noticias de la semana y haciendo preguntas porque tenía quince días sin leer los periódicos. Me agradaba estar de nuevo entre compañeros del gremio con quienes compartía el mismo lenguaje. Les conté que me había aislado en Comondú para escribir algunas cosas y vaciar mis archivos en la computadora y que lo había hecho precisamente para huir de la tiranía en un lugar al que no llegan los periódicos y en el que no se oía radio ni veía televisión.

   -- Pero, fíjense, que cosa -- les dije -- cayó a mis manos ahora que venía en el autobús un ejemplar de la revista PROCESO y me ha impresionado muchísimo la historia de un joven tijuanense que habla sobre la tortura. Es aterrador lo que ha estado sucediendo en la península y en todo el noroeste. Hace quince o veinte años nunca nos lo hubiéramos imaginado. Este ejercicio del periodismo negro -- como le llama César Güemez -- nos esta haciendo ver algo que la novela policíaca mexicana, el cine mexicano y los corridos norteños no han logrado comunicarnos todavía. Por ejemplo, el dato de que cuando torturaban al narrador de esta historia tijuanense y le dispararon en la cabeza al personaje que estaba junto a él boca abajo tirado en el suelo sintió que le salpicaban unas gotas "calientes". Más adelante daba su versión sobre varios asesinatos y sus  enigmas que han estado en las páginas de la prensa a lo largo de los últimos años. Más que los hechos en sí mismos, lo que sorprendía era la naturalidad con la que muchos jóvenes de la frontera, de Tijuana y de San Diego, ejecutaban sus homicidios para luego irse a echar una langosta a Rosarito. En el mismo número de la revista aparecía un reportaje sobre una mujer muy guapa de Guadalajara que había sido asesinada. Y todo parecía enlazar, como en los capítulos de una misma novela y dentro del mismo contexto político, policiaco, delincuencial y militar. Era como si el director del cine norteamericano, Quentin Tarantino, autor de Perros de Reserva y Pull Fiction, estuviera haciendo película de los bajos fondos fronterizos. Los mismos personajes, situaciones semejantes, la inconciencia del mal, la banalidad de la violencia, un lenguaje coloquial coincidente. Pensé entonces que, a falta de una novela realista que refiriera estas cosas, el periodismo negro de nuestro fin de siglo bajacaliforniano era el que mejor podía traducir ese mundo siniestro, deprimente y estremecedor que tanto ha venido a perturbar nuestra convivencia civil. La verdad no puede desprenderse de esa alharaca cotidiana que montan todas las noches los medios audiovisuales, pensé. La verdad sólo puede refugiarse en el libro, en un periodismo novelado que, aún sin emplear nombres propios de personajes reconocibles en el centro de nuestra criminalidad, aproveche la densidad de las ciento noventa páginas y todos los recursos de la narrativa literaria para aspirar a una verdad más profunda y no a alcahuetear la verdad sucia de los abogados y los procuradores.

   Un libro es un sistema de relaciones y puede escapar -- como el ciclista que se fuga del pelotón -- a la superficialidad propia de los noticieros y a la brevedad de los cables. Puede conjurar la transitoriedad de los hechos y procurar una permanencia inimaginable en el periódico que se tira a la basura y se olvida al día siguiente.

   Conocí, pues, ese día de mi llegada a La Paz a Martín de la Rosa. Luego, luego me di cuenta de su sensibilidad periodística y su pasión por el misterio policiaco que, según me dijo, había empezado a cultivar muchos años atrás cuando se inició como reportero. No sólo sabe escribir, me dije. También sabe leer los periódicos y analizar los hechos. Topógrafo de oficio, sabe medir asimismo la gravedad y el carácter dramático de los acontecimientos y sus protagonistas. Como hace aquí en Avionazo en Baturi, una ficción literaria que trata de radiografiar y comprender cómo las criaturas humanas se desdoblan en personajes y sobreviven, como en la tragedia griega, entre la vida y la muerte, entre la impunidad y la justicia.

   No sé que tanto las historias provenientes de la realidad informan los diversos capítulos de esta novela. No conozco tanto la vida cotidiana de Baja California Sur ni los modos en que aquí se administre la justicia como para que me conste siquiera uno de los acontecimientos reales o imaginarios simbólicamente o literalmente aludidos en el texto. Lo que sí puedo decir como lector es que Martín de la Rosa ha construido narrativamente un mundo que por extensión refleja -- desde el condado novelesco del sur bajacaliforniano -- el grave momento que estamos viviendo los mexicanos en todo el territorio nacional a finales del siglo.

Federico Campbell.

 
 

                               Comentarios


   “A través de 190 páginas, Héctor Martín Ojeda de la Rosa, intenta desentrañar mediante las audacias investigadoras de su alter ego, el reportero Jacinto Romero, la red de relaciones perversas que sustentan el negocio del siglo”

Edmundo Lizardi


 
   “Al igual que Dashiel Hammett, autor de novelas policíacas, De la Rosa, presenta su denuncia social casi desprovista de rasgos humorísticos... Los diálogos cumplen con lo que se denomina “Novela Dramatizada”... En vez de relatar él mismo, deja que sus personajes lo hagan por él”

Sergio Ávila


 

   “La escritura posee un lenguaje llano, directo y con modismos de los bajos fondos. De lectura ágil y amena, revela una vocación para la prosa. Son muchos los méritos de la novela”

Ernesto Adams


 
   “Desde mi punto de vista, Avionazo en Baturi es una obra bastante aceptable. Tal vez ruda como su género mismo, pero con una lectura absorbente que nos ha dejado satisfechos y creo que pasará lo mismo con el más exigente de los aficionados de lo perspicaz y lo apasionante”

Mario Santiago


 
   “Dejar de leer este trabajo de Ojeda de la Rosa, sería desperdiciar la oportunidad de dar un vistazo a la realidad política y judicial, no sólo de nuestro Estado, sino del País”

Revista Realidades

 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Locura emocional




En 1996 sale en segunda época la Revista Cárcel Propia con los espectaculares de: Mercado Romero beneficiario del narcotráfico.
Desde luego que la locura emocional ya estaba haciendo estragos en la humanidad de nuestro protagonista pues con esta publicación lo que buscaba era la muerte al no poder llevar qué comer a su casa, al no poder atender como hombre a su mujer quien lloraba en silencio escuchando las letras de las canciones de Ana Gabriel: Cuánto daría por gritarle nuestro amor... y luego otra: Luna tu que lo vez, dile cuánto lo extraño... y otra: Tantas cosas por decir pero tu no te propones... estas como si nada... No escuchaba, no podía entender el grito desesperado de la dama quien advertía que lo estaba perdiendo. No entendía pues la presión sicológica por saberse perseguido lo encerró en una locura emocional que lo llevó a aceptar la compañía de la bebida.
Le pedía a su Dios que mejor muriera pues también sus propios compañeros de prensa lo hostigaban, lo despreciaban pues ¡era el único que no recibía convenio de prensa! Un día se formó en la cola para pasar ante Federico Riestra Castro; una cuarentena de 'periodistas' cobraron su cheque mientras que a Jacinto Romero simplemente le dijo: No hay nada para ti, no hay dinero... Ya no tenía fuerzas para exigir, mudo se retiró pasando por entre Pedro Juárez, Bertoldo Velasco y otros más que alegres reían al estar seguros que ellos sí recibirían su chayote mensual.
Sin zapatos buenos, sin ropa adecuada, sin dinero, sin esperanzas la única salida que le ofrecía la vida era la bebida gratis. Un día con Manuel Castro, otro con David Rolland, y los menos con Sebastián Díaz se refugiaba para adorar al Dios Baco lo que le permitía llegar en estado inconveniente a su hogar, donde la dama lo esperaba ilusionada que llegaría con bolsas llenas de mandado o dinero para que ella fuera al mercado. No era así.
Ni el uno ni el otro hablaron: Nunca se sentaron como adultos a platicar sobre la situación por la que atravesaban. Sólo gritos y reclamos eran la constante. Él no quería empujar a su familia a la locura emocional que lo embriagaba. Creía que con su silencio no los haría sufrir lo que él sufría; no se daba cuenta que los hacía sufrir por su falta de responsabilidad.
La locura emocional producida por la fatiga mental paraliza, no permite moverse, pensar, reflexionar, conectarse con la realidad. ¡Eso era lo que lo aquejaba! Pensaba que era mala suerte, que lo tenían embrujado y así caminó como zombie por varios años hasta que la mujer un día lo corrió de la casa. Era el 15 de enero de 1999.

Pensó en el suicidio pero una mujer cabaretera, como si su Dios lo hubiera puesto en el camino, lo abordó horas antes de que sucediera. Qué tienes, hace días que te observo y me parece que sufres mucho -- le dijo la mujer de mediana edad, (voluptuosa, de piel cobriza, suave como la porcelana) al sentarse a su lado en las afueras del mercado Madero donde acudía a refugiarse de la soledad. Ese fue el comienzo de una relación torcida, empujada por el universo que conspiraba para que ese hombre cumpliera con su cometido en la Tierra.
También ahí conoció a otra dama que lo llevó por senderos satisfactorios de sexualidad reprimida pero eso sí, sin poder cumplir con las necesidad urgentes que después descubriría buscaba en otros lados la mujer.
Por más de 14 años visitó los grupos de autoayuda de doble a hasta que Dios le abrió las puertas del infierno para dejarlo salir, al conocer que sí había una solución para su sicosis emocional. ¡Un Grupo de Neuróticos Anónimos! Ahí se dio la oportunidad de estudiar su caso, ahí se dio cuenta que no era un demente, un loco como se le dice coloquialmente al ente que hurga entre los tambos de basura o pasa por las calles con una cobija y un par de perros sin rumbo fijo.
Antes, cuando aún visitaba a los doble a, con la mente un poco confusa, el 7 de mayo de 2009 habría presentado queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contestándole ésta que aceptaba la queja, pero para tener más datos, y organizaciones que le avalaran su dicho, le envió algunos formatos que debería llenar conforme a los Acuerdos que para tal fin tenían establecidos. Al leer la respuesta de la ONU, Jacinto Romero lloró de alegría.




(6ta de 40 entregas)

domingo, 18 de septiembre de 2011

la muerte del periodista José Agustín Reyes

Debido a que les salió el tiro por la culata, en cuanto a la ejecución del periodista maldito, los mercadistas trataron de aprovechar el asesinato del corresponsal de Gran Cadena Rasa y de El Heraldo de México, José Agustín Reyes Agustín, para desprestigiar a quien les representaba una piedra en las sandalias: ¡Mediáticamente lo inculparon a través de la prensa vendida!
Las 'voces' en radiopasillo subieron de tono cuando Mario Zamora, jefe de prensa del gobierno mercadista, empezó a repartir dinero entre los 'reporteros' que escribieran en contra del maldito periodista; Jesús Flores Romero, Fernando Gastelum Lara, Guillermo 'el chiquiado' Salgado, Antonio 'el chorizo' Ortega, entre otros, contrataron los servicios del mensuario El Depurador, donde publicaron información sin sustento, que orilló a incoar denuncia penal en contra de dos 'periodistas' y de los implicados de la clase en el poder.
El juez Fauste René Álvarez Gámez, al notar que dentro de las promociones estaba sus jefes, de inmediato ordenó archivar el caso como asunto concluido.
El daño que se ocasionó fue grave, gravísimo, muy grave... la esposa del periodista fue 'acosada' por los Titos Piñedas, los Puchas Castro y otros para hacerle creer que no le convenía el esposo que tenía. A ella le ofrecieron hacerla líder latinoamericana de obreras textiles. Una vez que dejó al marido, la dama fue abandonada a su suerte.
Eso duele, eso le dolió al Periodista Maldito quien se vio en la necesidad de acudir al terapeuta.. ¡por 10 años! Hoy ha regresado a exigir lo que le robaron: La vida, 20 años de su vida perdidos por abusos del poder político, de las mafias de exgobernadores que, aunque no se hablen, conforman un clan de mafiosos en torno de su seguridad.
Por esa muerte, por la de José Agustín, Mario Zamora pagó dinero, mucho dinero del erario público, en un claro delito de funcionario público.
Por esos agravios intervendrá la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, estén seguros.
En esos días el Periodista Maldito trabajaba en el semanario 7 Días, donde por cierto, según informes de los compañeros, lo buscaba seguido los judiciales.
Un día ponían un móvil, otro día otro, en un claro ardid sospechosista para dejar mal parado al perseguido. A los días, y sobre todo a los años, la verdad sale, luce en todas sus dimensiones, y es en honor a esa verdad es que perseguirá la justicia.
En esos días, en medio de la persecución, ¡mataron a Colosio!, y luego un exgobernador se les adelantó asesinando a otro periodista: Víctor Bancalari fue muerto a golpes por gente de Don Manuel, dueño de los 720 kilos de cocaína de Ocampo y México, donde fuera encontrada la silla de montar.
Eso valió para que el Periodista Maldito ya no fuera acosado en esos días, no con la intención fraguada, por los mercadistas que tuvieron que replegarse por la llegada de cientos de investigadores nacionales e internacionales.
Remedios González, espirituista, resandero, declamador y loco le dijo: UNA LEGIÓN DE ESPÍRITUS TE PROTEGEN, SIGUE ADELANTE QUE NADA TE PASARÁ.
No lo ejecutaron, pero su suerte fue peor que si hubiera muerto. Caminó muerto en vida por 17 años, hasta que encontró la verdad. Por esa verdad es que hoy día exige justicia. Por esa verdad es que quiere vivir. Por esa verdad es que renació.
(5ta de 40 entregas)

jueves, 1 de septiembre de 2011

abogado de las causas perdidas

En 1992, nuestro protagonista (el Periodista Maldito) se separó del mensuario Nuevo Sur, del diario El Madrugador, para crear la revista Cárcel Propia, en mayo de 1992, donde dio a conocer parte de la investigación donde se inmiscuía a José Vicente Medina Hallal, como responsable en la muerte de su novia María Ibeth Benavidez Delgado.
La publicación causó impacto en la clase política porque 'un pinche periodista' se había atrevido a denunciar la corrupción en la Procuraduría General de Justicia y el Poder Judicial del Estado, en connivencia con las mafias blancas de los médicos, sin embargo lo dejaron ser por estar al final del camino la administración de Víctor Liceaga Ruibal.
¡¡Les salió el tiro por la culata al 'correrlo' del semanario El Guaycura.
La revista fue materia de análisis en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, luego de que se provocó un incidente criminal por lo desaseado del proceso penal en contra del Güero Desmadre, incluso, el Rey del Amparo, Ignacio Burgoa Orihuela, en una reunión privada con los hampones del mercadismo dejó en claro que tendrían que dejar libre a José Vicente, de lo contrario el Estado de BCS sería el responsable de reparar el daño moral al beneficiarse con un amparo, porque la corte ya había ordenado la ¡¡repocisión total del procedimiento desde el auto de formal procesamiento!!
Guillermo Mercado Romero buscó a los amigos de Medina Hallal para que lo sensibilizaran -- Dile que lo dejaremos libre pero que no diga nada del apoyo.
Desesperado como estaba, el Güero Desmadre aceptó la propuesta, sin pensar que el Periodista Maldito había influido en la Corte para que su caso fuera revisado desde el principio, por estar lleno de irregularidades.
La revista dejaba en claro que el doctor que atendió a la novia del acusado le había recetado PRIMPERAM para que dejara de vomitar; ¡Estaba vomitando porque se había tomado una ración de raticida para chantajear al Güero Desmadre! y además, se había 'jalado' unas lineas de cocaína con el chofer de la casa cuando fueron a dejar a la cocinera.
Esas causales fueron las que provocaron una necropsia falsa positiva que arrojaba asfixia por estrangulamiento manual! Por si ello fuera poco, el Periodista Maldito se metió hasta la cocina. ¡Acusó al Presidente Magistrado y al Juez Carlos Delgado, patrón el primero en la notaría pública número uno, y tío de la muerta el segundo, de influir en los abogados de la población para que no defendieran al sentenciado.
Un día que el Periodista Maldito visitaba el CERESO, vio entrar al Güero Desmadre, a quien no conocía personalmente, con una copia cafesosa de tanto 'tallarla', releerla y 'prestar' la revista Cárcel Propia. Llevaba una chamarra de piel y los ojos fijos en el suelo pues recién lo trasladaban de otro estado de la República donde compurgaba la pena por 'razones de seguridad'
Cuando salió libre, lo volvió a encontrar con el secretario de Edmundo Salgado, con rumbo al 'H Tribunal Superior de Justicia' donde le entregarían copia de la sentencia absolutoria -- No se te olvide darme una copia -- le pidió el Periodista Maldito.
-- Salgo fuera de la ciudad hoy mismo -- le respondió -- pero te dejaré una copia con él -- dijo señalando al aficionado a la cacería de venados.
Ese día jamás llegó. La copia de la sentencia no llegó a manos del abogado de la causa perdida por obvias razones.
Espera sí, que un día José Vicente Medina Hallal agradesca el gesto.
(4ta entrega de 40)

segunda despedida laboral

La primer 'corrida' que experimentó el Periodista Maldito, como ha quedado explicada en la primer entrega, fue en el semanario El Guaycura. La segunda, e inexplicable despedida laboral ocurrió al tomar posesión como Gobernador Guillermo Mercado Romero. Sin mediar explicación alguna, simplemente son órdenes superiores diría el Chiquiado Salgado.
Presentó demanda laboral pero la orden se cumplió al pie de la letra.
En esta violación constitucional intervino, como ha quedado documentado en la segunda entrega, el licenciado Armando Aguilar Ruibal.
También el Periodista Maldito se presentó ante el AMPFC Napoleón Domínguez Castro para mostrarle una grabación donde se escucha que Julio César Saucedo Beltrán recibió órdenes de Víctor Liceaga Ruibal para 'correr' al osado Periodista Maldito que exhibió como narco.
Al escuchar el complot el AMPFC dijo --No creo, ve con el Flaco (Gastelúm) él es amigo de Mercado -- agregó -- nomás no le digas que vas de mi parte.
Creyendo en la buena fe de los nuevos funcionarios públicos, el Periodista Maldito se apersonó con el Director de la Policía Judicial del Estado a quien puso al tanto de la conspiración -- Ve con Jesús Flores Romero -- propuso el compadre de Ramón Arellano Félix, líder del cartel de Tijuana -- el es muy bueno, debe ser un mal entendido, te va a arreglar la reinstalación.
Con un borrador de Queja ante la CNDH, el Periodista Maldito se presentó ante el secretario privado del Gobernador quien lo engañó, le mintió pues ya tenía órdenes superiores de no atender con apego a derecho al protagonista de esta historia real.
Por su parte el Chorizo y el Chiquiado, hampones al servicio de la clase en el poder, pretendían influir en Alquiciras Rojas para que presentara denuncia penal en contra del Periodista Maldito por el cobro, por 3 veces, de un par de facturas que ¡los mismos funcionarios habían robado del carro del Periodista Maldito!
También, luego de que la CNDH conociera de la Queja, los hampones en mención contrataron los servicios de Rodolfo Soberanes Acevedo, agente de gobernación, para que 'golpeara' al periodista de apellido De la Rosa, según parte informativo signado por el comandante de guardia de la zona II de robo, Cornelio Cota Geraldo, copia del documento entregada al protagonista por un periodista amigo con acceso a la corporación policiaca.
(3er entrega de 40)

miércoles, 31 de agosto de 2011

Otra causa...

La persecución al Periodista Maldito se magnificó el día que Armando Aguilar Ruibal acompañaba a Raúl Antonio Ortega Salgado, esto fue el 7 de febrero de 1993, día de las elecciones electorales locales en que perdió el PRI en BCS.
El doctor Carballo González y el Pilarillo del mismo apellido, prestanombres del Chorizo Ortega como conocían al segundo nombrado, por la tarde de ese día señalaron al periodista como un individuo que estuvo todo el día vigilando la casilla y que por eso no pudieron meter las boletas previamente marcadas.
El Chorizo y su acompañante voltearon a donde se encontraba el señalado, dejando caer esa mirada de quien se siente dueño de vidas y haciendas.
-- Ese cabrón fue el que me exhibió por la muerte de mi secretaria -- Confió Aguilar Ruibal a su cómplice.
Resulta que un día de Dios, se encontraba el Periodista Maldito en la casa de la familia Martínez, vecina de su domicilio jugando a la baraja cuando de pronto escuchó a Salvador Nazzar González -- Mi hijo fue a a la cárcel a visitar al Guero Desmadre.
Terció el chueco Martínez -- Ese va a pasar el resto de sus días en el bote porque hay línea de arriba
-- No hubo abogado que lo pudiera ayudar  -- agregó Chava Nazzar -- los amigos le llevan dinero o comida pues la que dan ahí no está muy buena que digamos
Intervino el Periodista Maldito -- Si quieren puedo hacer algo para que salga --
De inmediato los 'malilleros' se vieron a los ojos -- No te vayas a enojar pero 'periodistas chingones' le quisieron ayudar y no pudieron hacer nada -- agregó -- el tio de la muchacha es Juez del Tribunal y fue quien dió línea para que nadie le ayudara.
-- Bueno -- insistió el Periodista Maldito -- si sale o no ya estará de Dios.
Dos años después José Vicente Medina Hallal fue dejado en libertad por desvanecimiento de pruebas acusatorias. Sobre esa crónica Héctor martín Ojeda de la Rosa dejó parte de su investigación en el semanario El Guaycura y Cárcel Propia.
-- A ese cabrón -- le dijo Armando Aguilar al Chorizo en 'la Jaula de las Locas' (departamento que utilizaban los bisexuales del poder para sus orgías) -- me lo chingas.
(2da entrega de 40)

Por esto se inició mi persecución...

Trabajaba en el periódico (semanario) El Guaycura, comandado por José Montaño que aparceía como director y con Manuel Bañuelos que hacía las veces de jefe de redacción, pero realmente era quien se llevaba las ganancias del semanario.
Un día de 1991 cayó una avioneta en Las Cruces, a 40m km de La Paz, que traía 700 kilos de cocaína y una silla de montar, con las inciales PG, para la querida-esposa del Gobernador Víctor Manuel Liceaga Ruibal, Patricia Gutiérrez, pero para desgracia de los narcochalanes el operativo fue detectado desde que la avioneta cruzó la frontera con Guatemala, lugar desde donde fue seguida por los radares gringos quienes ordenaron a los militares nacionales que la detuvieran o no les daban la estrellita de buenos muchachos que combaten el tráfico de droga.
Los operadores de tierra, una vez con la carga en sus vehículos, se dirigieron a una casona de las calles Ocampo y México, donde después taparon las evidencias colocando unas oficinas del ISSSTE, lugar hasta donde llegaron los soldados. Los chalanes dejaron las cosas ahí, y se fueron.
Frente al lugar, de casualidad me encontraba visitando a un amigo, y desde donde pude grabar 'cómo se logró la confiscación'
De inmediato redacté la nota, a la que Manuel cabeceó con "Peces gordos", cuidé de no mencionar los nombres de los protagonistas pero sí dejando entre líneas la ubicación de sus despachos, para que los 'conveniados' no detectaran las coordenadas de qué o quienes estaba detrás del operativo.
¡Salió publicado!
De inmediato Julio César Saucedo Beltrán (QEPD) habló por teléfono con Bañuelos a quién ordenó me despidieran del semanario de lo contrario 'el señor' le retiraría el chayote.
¡También!, en ese momento me encontraba en las oficinas viéndole las caderas a la secretaria, ¡Umh!, cuando Manuel descolgó el teléfono a una llamada 'oficial' luego empezó a balbucear: Si, señor, si como no. volteaba sus ojos a su escritorio, a la pared, al piso, evidencia que me produjo la sensación de que era de mí de quien hablaban. No me equivoqué.
A la siguiente entrega  (me pagaba 100 pesos por 7 notas) no me recibieron los trabajos pues José Montaño alegó falta de dinero para seguir en las filas del semanario.
(1 entrega de 40)